domingo, 26 de julio de 2009

(04) INDIA, FRENTE A FRENTE CON LA REALIDAD

Por la mañana no me duché: “puedo aguantar un día más”, me dije mirando el destartalado baño. Con ropa cómoda y cámara en mano descendimos hasta recepción. Nuestra idea era alquilar un coche con chofer durante los primeros días hasta que nos adaptásemos al cambio tan brusco que nos encontramos. En el hotel, se encargaban de “negociar” con nosotros y preparar todo el viaje. Al final de dimes y diretes optamos por alquilar un coche seis días y recorrer la zona del Rajasthan.

Arreglado este primer trámite, nos dispusimos a visitar la ciudad.

Delhi es la capital de la República de India. Como decía en un post anterior, se divide en Old Delhi y New Delhi, la ciudad nueva la formaron los ingleses en su colonización, y se fue extendiendo rápidamente. Nosotros estábamos en la ciudad vieja, y nos disponíamos a visitar lo que podríamos llamar el casco antiguo.

El dueño del hotel, nos ofreció un guía para que nos hiciera la visita a la ciudad, y por supuesto nosotros rechazamos: “pero que guía hombre, que nosotros somos unos aventureros, por Dios”. Así, emprendimos nuestro camino.

Atravesamos el callejón que tanto temor y dudas nos ocasionó la noche anterior y desembocamos en la calle bacheada y barrosa que supuso nuestro primer encuentro con la realidad de la India. Aún hoy continuaba embarrada.

De día, aquellas calles lúgubres y desiertas rebosaban vitalidad, montones de tenderetes y comercios ofrecían ropas de colores muy vivos y llamativos, también podían encontrarse todo tipo de recuerdos, joyas, perfumes, inciensos, amuletos… no en vano esa calle es llamada Main Bazar.

Yo estaba encantado, era como vivir dentro de un documental, me topaba con un sitio que hasta ahora sólo había visto por la tele, y esta era la constatación de la existencia de un mundo que vive más allá de nuestras modas, creencias o aficiones, un mundo que es el mismo que el nuestro, aunque desde nuestras aisladas burbujas parezca sólo existir en las películas.

La gente circulaba por los laterales de la calzada, pegados a los tenderetes para evitar los charcos que se formaban en el centro de la vía. Yo llegué a pensar que todo esto del barro y los charcos sería una estratagema de los comerciantes, para obligar a los viandantes a pasar cerca de sus tiendas e incitarlos a comprar.

El señor del hotel nos recomendó coger el metro para ir a visitar la mezquita y el fuerte rojo. La cosa era así, teníamos que recorrer la calle de barro, Main Bazar, y al final de ésta atravesar otra perpendicular para darnos de frente con la estación de tren. El siguiente paso consistía en cruzar una plataforma que pasaba por encima de las vías y desembocaríamos directamente en la boca del metro.

Bien, esto parece simple, sí, así lo creímos también nosotros, pero no contábamos con la cantidad ingente de personas, coches, ricksaw (motos con tres ruedas que hacen las veces de taxis), que abarrotaban las calles, plazas, parques y cualquier hueco que pudiera ser ocupado. Hay que sumarle a esto la falta tan tremenda de información, cosas simples como el nombre de las calles, carteles con la palabra metro y una puta flecha, no sé, esas cosas tan normales.

Por si esto fuera poco, ya me advertía nuestro tercer compañero de viaje, mi guía Trotamundos, existen una serie de señores que se encargan de engañarte para sacarte los cuartos.

(En teoría, y al menos por mi experiencia lo puedo corroborar, la India no es un lugar violento. Se dice que esto es debido a el Karma y el Dharma, eso que está ahora tan de moda por Europa. Los indios hinduistas, budistas, y jainistas entre otros que desconozco, creen en la reencarnación, creen que deben superar una serie de etapas (vidas), para alcanzar el Nirvana (estado libre de sufrimiento, lo que nosotros entenderíamos por cielo). Dependiendo de cómo haya sido tu vida anterior, de las acciones buenas o malas que hayas realizado, así será tu vida posterior. Cuanto más ejemplar haya sido tu comportamiento en vidas anteriores, menos etapas tendrás que pasar para alcanzar la vida libre de sufrimientos y reencarnaciones. Esto es también lo que condiciona las castas (en otro post hablaremos de ellas), pues los indios creen que los individuos de castas superiores están ahí por mérito propio, ya que en sus vidas anteriores realizaron buenas acciones. Es como si cada uno naciese en el lugar que le corresponde por un derecho adquirido en otra vida. El Karma (acción y consecuencia), viene a significar, que cada acción que cometas te implicará una reacción igual, como un “ojo por ojo y diente por diente” divino. El Dharma, se traduce como una ley, una serie de postulados y tradiciones que tiene que seguir el creyente a raja tabla durante su vida, una serie de reglas que deben cumplirse en el día a día).

Como decía, ciertos tipos, tienen por oficio uno de los más antiguos del mundo, y no, no es la prostitución, me refiero a el timo. Ya que el robo con violencia es algo poco aconsejable para el buen Karma, la estafa es lo que se prodiga habitualmente, ignoro cómo afectará esto en vidas posteriores, pero muy legal tampoco tiene que ser.

En las ciudades más importantes de la India, entre las que se encuentra Delhi, existe la costumbre entre ciertos individuos, a veces constituidos en mafias, de timar a los turistas que se aventuran por sus calles.

Matizaré aquí que, realmente, esta lucha por defender tus intereses es continua, pues se da en bares, taxis, hoteles… a todas horas. Sin embargo, no dista mucho de lo que se hace y se ha hecho toda la vida en nuestro país con guiris de piel rosada y calcetines blancos en los lugares de costa. Con el tiempo eres consciente, de que a ti te cobran más, pero exceptuando algunos casos, con la diferencia de precios al cambio, no merece la pena discutir, también tienen que ganarse la vida.

No obstante, a lo que yo me refería antes, no es a estos casos de cierta picaresca, si no a una serie de tipejuelos que te asaltan por la calle con la sana intención de ayudarte, o al menos eso es lo que te hacen creer. Pero nada más lejos de la realidad. Nosotros, aunque bien aconsejados por la guía, mí querida guía de viaje, descubrimos lo que os cuento a continuación:

Una vez que conseguimos llegar a la estación y localizar la pasarela que nos llevaría al otro lado de las vías, y justo cuando nos disponíamos a entrar, nos encontramos de frente con una puerta detectora de metales (la verdad que están por todos sitios, hasta en las entradas de las calles, pero no sé para que las ponen). Había mucha gente, bueno supongo que lo normal en Delhi, y nos introdujimos entre la multitud para acceder a las escaleras de la pasarela. Entonces, desde lo lejos, un hombre con gorra y el cartelito de empleado de la estación nos hacía señas. Yo no sabía que quería, pero luego lo entendí. Nos advertía que para pasar debíamos entrar por la otra puerta, de las dos detectoras de metales, que íbamos en sentido contrario. Nosotros más perdidos que Heidi en la Guerra de las Galaxias, asentimos y nos fuimos a la puerta buena, sin darnos cuenta de que allí cada uno pasaba por donde la parecía más oportuno. Yo agradecido, le saludo y me dispongo a atravesar la puerta, cuando el personaje en cuestión me pide los billete, y yo… digo “coño, los billetes, ¿qué billetes? No, no tenemos billete”, de nuevo sin percatarme que allí todo el mundo pasaba sin billete ni nada parecido.

“Ahh, bueno, bueno, no pasa nada, a ver ¿a dónde vais?” preguntó aquel amable señor.

“Pues al metro”, contesté yo agobiado por el paso incesante de gente y contento por encontrar al fin algo de información.

“Ah, no, no, el metro no es por aquí, dejad que yo os enseñe. Necesitareis el ticket”, replicó aquel amable caballero.

“Pues yo juraría que era por ahí”, pensé. En fin, me equivocaré.

“¿De dónde sois?”, preguntó de nuevo.

“Nosotros de España” respondió Javi

“Si, si españoles” confirmé yo.

“Ohh, españoles, me gusta España, yo estuve una vez en Barcelona” dijo mientras salíamos de la estación hacia un lugar un poco menos concurrido. “Bueno, ¿dónde queréis ir?”, preguntó señalando la guía que yo llevaba entre las manos.

“Pues como ya le dije al metro”, repetí.

“Noo, a qué parte de la ciudad, necesitareis el billete”, insistió el hombre.

“Ya, ya, pero para comprar el billete tendremos que ir a la estación de metro, ¿no?, ¿dónde está?” decía yo confuso.

“No, no”, insistía, “enséñame el mapa, enséñame el mapa”.

Le enseñé el mapa y le dije que queríamos ir a Old Delhi señalando con el dedo el fuerte rojo. Entonces el tipo me dice: “No, este mapa no es bueno, ¿no tienes otro?”.

“¿Qué?, ¿qué no es bueno?, será pequeño pero es bueno cabrón” pensaba mientras miraba mi querida guía por delante y por detrás.

“Y no, Old Delhi no está ahí, está por aquí” me corregía mientras señalaba con la mano otra parte del mapa.

“Por mis muelas que yo diría que esa era Old Delhi, si es la tercera guía que me leo” pensaba ya mosqueándome un poco.

Entonces, uno de los varios personajes que se habían ido acercando a nosotros y que casi nos rodeaban le dio un nuevo mapa. Un mapa, que era exactamente igual a el que aparecía en mi guía, con la única peculiaridad de ser más grande y de tener el símbolo de la oficina de información y turismo justo donde él señalaba antes con el dedo y que era a donde nos decía que debíamos ir.

“A ver, tenéis que tomar un ricksaw, ir hasta aquí, comprar los billetes del metro, del tren, de los monumentos…” nos contaba.

“Pero señor”, le corté, “que nosotros sólo queremos llegar al metro, dígame usted donde está y déjese de historias”.

“Que no, que tenéis que ir aquí, que es la oficina de turismo. Además necesitaréis alquilar un taxi para poder visitar otras ciudades ¿no? Pues aquí tenéis todas las garantías” acometía de nuevo.

“Mire”, le dije al tipo ya sabiendo que nos estaba engañando. Porque entre otras cosas, si era verdad que trabajaba allí, ¿cómo podía dejar su puesto de trabajo sin atender tanto tiempo?, ¿cuántos habrían pasado ya por el lado incorrecto y sin billete? “¿Me va a decir de una vez donde puedo comprar el billete de metro o no? Además nosotros ya tenemos taxi”.

“¡¿Qué?! ¿Cómo es posible?, ¿dónde lo habéis conseguido?” nos gritaba.

“A ti qué te importa”, le respondí yo también algo alterado.

Tienes que decírmelo, yo trabajo aquí” señalando la acreditación de la solapa “y eso es ilegal, no tienen seguro ni nada, ¿cuánto os ha costado?”.

“Que eso no es asunto tuyo te digo” repetía yo de nuevo “No seas pesado cojones”.

“Pues tenéis que alquilar este taxi porque, bla, bla, bla…..” nos gritaba.

Aquí fue cuando exploté: “me voy tío, paso de tu cara” le solté.

Javi, que se enteraba de la mitad, era el primer día y el oído no estaba entrenado, decía: “yo creo que igual tiene razón, espera a ver que dice”.

“Los cojones, éste es un capullo y nos quiere engañar” le insistí a Javi.

“Pero ¿porqué lo dices?”

“A ver Javi, nos vamos, luego te explico” le dije yo enfadado.

A todo esto, el sujeto no paraba de meterse entre nosotros dos para no dejarnos hablar, gritándome y diciéndome que no podía irme, mientras que yo le hacía gestos indicándole que me dejara y que no había caído en la trampa. Pero el hombre se puso más violento y me agarró del brazo. Entonces me solté de un tirón y comencé a jurar, ya en español, todas las barbaridades que me salían. Javi alucinaba, pero ese hombre llegó a irritarme de tal forma, que si estoy en España y no hay cinco tíos a su alrededor le parto el cráneo al hijo…, que además de intentar timarnos y después de descubrir la trampa, se enfada porque pensó que lo tenía hecho y se le escapó en el último momento, pues así es la vida amigo mío.

Al fin conseguimos alejarnos entre la multitud, Javi aún incrédulo. Más tarde lo comprendió y me dio la razón cuando lo hablamos más tranquilamente.

Lo cierto es que en la guía advertían de que en las principales estaciones, había unos señores, que podían incluso llevar acreditación falsa, que intentarían timarte para que en vez de usar el tren o el autobús utilizaras un taxi y a el triple de lo que cuesta, opara venderte los billetes de monumentos y transporte urbano más caros de lo normal, y así ellos pueder llevarse una comisión.
La realidad de esto lo pudimos comprobar más adelante hablando con otros viajeros que si cayeron en la trampa, que por cierto es bastante fácil caer, no os imagináis el contexto, no vengáis de listillos. Para más inri, el tío te está mandando a la oficina de turismo, un oasis en medio del desierto de la desinformación, pero no sólo las acreditaciones son falsas, también los mapas lo son, y esa oficina, no es la oficina oficial de turismo, sino una agencia de viajes que se ha hecho imprimir sus propios mapas con el logo de la oficina original. Por eso el mío estaba mal según el tipo ese. En realidad en Delhi sólo hay una oficina de turismo, y ya es bastante, que pertenece al estado, y que está dentro de la estación. Claro, nosotros nunca conseguimos entrar a la estación.

Para la primera media hora de turismo en Delhi no estaba mal, pero aún nos queda mucha historia.
(Old Delhi. Callejón del hotel, ya de día con todos los negocios abiertos)
(Old Delhi. Main Bazar, gente sorteando el barro de la calle)


(Old Delhi. Main Bazar. De nuevo la gente pasando pegado a los tenderetes para librar los charcos)




(Old Delhi. Main Bazar. Vista general. Foto Cecilia)




(Old Delhi. Entrada a Main Bazar. Puertas de madera detectoras de metales, supuestamente una para circular en un sentido y la otra en el otro)





(Old Delhi. Estación Central de tren. Al fondo la pasarela que debíamos coger para ir al metro)

(Old Delhi. Calle perpendicular a Main Bazar en la que se encuentra la estación)

(Old Delhi. Algunos ricksaws, atrás se puede ver uno a pedales)














miércoles, 15 de julio de 2009

(03) INDIA, YA LLEGAMOS.

Siempre quise ir a la India, siempre supe que iría, lo que nunca supe fue cuando. Al final el azar decidió que fuese un 28 de marzo de 2009. Dos semanas antes cumplía 29 años, una edad más que aceptable.

Digo azar, porque la casualidad puso ante mí un precio y unas fechas muy propicias, y por supuesto un compañero de fatigas, Javi, para compartir y hacer más llevadero y divertido este periplo que me disponía a emprender.

Javi Mancho, es uno de los personajes más importantes de esta historia, sería como el actor segundario, para protagonista ya estoy yo, que para eso soy además el guionista. No pasaré a describirlo, para eso están las fotos, las chicas ya juzgarán, un dato a su favor: ¡es bombero!. Javi es compañero del equipo de baloncesto, La Gárgola, una panda de tipos estupendos a los que les gusta la cerveza y con los que paso un rato corriendo detrás de la pelota los fines de semana. Nos conocimos a través de Susana, mi compañera de trabajo, y poco a poco nos fuimos haciendo amigos, es naturalista y un tipo de principios, además de un deportista nato y un buen amigo de sus amigos. Creo que este viaje nos ha unido bastante.

Llegó el viernes por la noche. Ataviados con nuestros enseres, nos dispusimos a coger un autobús, en la estación central de Zaragoza, destino Madrid. Desde aquí, un avión nos transportaría hasta Ámsterdam, la ciudad de los diques, donde multitud de recuerdos cayeron sobre mis hombros, haciéndome añorar una vieja época maravillosa (cuando fuimos los mejores).

Pasado este trasiego, otro avión tuvo la consideración de llevarnos sanos y salvos hasta el final de nuestro trayecto, Delhi, aunque no de nuestro viaje, por supuesto.

Las 00:30 del domingo, “bueno, ya estamos aquí”. Lo primero cambiar dinero, de euros a rupias (1€ = 69Rupias aprox.). Lo resolvimos sin ningún problema.

Aunque intrépidos aventureros ávidos de nuevas experiencias, decidimos que, para ser el primer día bien estaría reservar hotel y un coche que nos recogiera en el aeropuerto, cual marqueses, y nos depositara sin más dilación en nuestra nueva y esporádica residencia. Así, nos encaminamos a la recepción del aeropuerto en busca de nuestro chofer. Una vez se abrieron las puertas de la sala, y como si de la selección futbol con la Copa de Europa en la mano se tratase, multitud de personas se apostaban a uno y otro lado del pasillo, por el que, en plan pasarela Cibeles, desfilábamos los viajeros recién llegados ristre en mano. Javi y yo nos miramos y decidimos abordar un plan. Yo tomé el lado este, él el oeste, intentando, mientras cruzábamos los dedos, encontrar el verdadero cartel, el único, que se ocultaba entre una masa de semejantes con las más variopintas ortografías, en el que hallásemos escritas las palabras mágicas que dieran solución a nuestras dudas y temores, Mr. Martínez / Mr. Mancho NAMASKHAR HOTEL.

(Esta foto no es mia, es de internet, pero es parecido a lo que cuento, y esto a ambos lados y mas largo de lo que aquí se aprecia)

Una vez encontrado nuestro transporte, salimos del aeropuerto y nos embutimos, junto con nuestro equipaje, en un pequeño y destartalado Fiat Punto, con una estupenda tapicería que simulaba la piel del leopardo, al menos en la suciedad incrustada estaba bien lograda. El chofer, un indio delgado y bajito, el típico indio, que entre otras cosas no abría la boca, intentaba conducir por el mayor caos de coches concebible, al menos eso es lo que yo pensaba entonces, luchando por cada centímetro.

Un grupo de chicos de Galicia, que se alojaban en nuestro hotel, se acopló en otro coche algo mayor, con el que parecía ser el jefe del cotarro, otro indio, éste un poco más metidito en carnes y que era el que organizaba y daba órdenes, y nos siguieron muy de cerca a toda velocidad por las solitarias calles de la ciudad. Esto reconfortaba, al menos no estábamos solos.

Mientras hablábamos sobre el tema, una vez en la autopista, nuestro chofer tuvo a bien, sin previo aviso, desviarse de la ruta por una vía segundaria y apenas iluminada, mientras nuestros queridos amigos gallegos, entre otras cosas porque eran los únicos que teníamos, continuaban con su viaje por la “flamante” autovía. En este punto Javi y yo nos miramos, aunque Javi me miraba más mí, en definitiva yo había sido el que lo había metido en el berenjenal. En fin, habíamos decidido no alarmarnos con el inesperado cambio de itinerario y continuar con nuestra charla, cuando el susodicho taxista se detiene en el borde de la carretera en el más oscuro y recóndito tramo que pudo encontrar. Sin más, apaga el vehículo y desciende del mismo cerrando la puerta. Yo aquí ya veía la emboscada entre la vegetación de la cuneta, pensaba: “Dios, ya nos han tangado, y acabamos de llegar”, sin embargo, ninguna facción terrorista nos abordó saliendo entre la maleza, sino que simplemente, nuestro enigmático conductor, tras atravesar la calzada, y ante nuestras incrédulas miradas, se baja el pantalón y comienza a evacuar tan placenteramente. En esta situación, uno no sabe si reír o llorar. El tipo, sacudió repetidamente el orín sobrante y regresó complacido al vehículo. Tras este pequeño receso reanudamos la marcha, de nuevo a toda velocidad.

Ya más calmados, continuamos charlando y bromeando con lo sucedido, hasta que llegamos a Main Bazar, aquí cambió la historia…

(Tengo que advertir, llegados a este punto, que no escatimaré en esfuerzos a la hora de intentar describir el enclave en el que nos encontramos a eso de la una de la madrugada. Aún así creo que no conseguiré reflejarlo en su justa medida, quizá mi querido amigo Nacho sea el único que se ponga en situación).

El coche giró saliendo de la calle principal y se aventuró por otra más estrecha y deteriorada. De improviso el asfalto se convirtió en barro y baches, los cables eléctricos colgaban como telarañas deshilachada, confeccionando un verdadero matorral de enredaderas plásticas, las casas, de dos o tres alturas como máximo, aparecían enigmáticas, como un bosque de sombras en la penumbra agolpándose unas sobre otras, a su vez, cúmulos de vacas somnolientas y perros callejeros terminaban por conformar un decorado surrealista que jamás olvidaré.

En esos momentos pensé: “Ahora sí, Javi me mata”, el pobre pensó que se había enrolado en otro tipo de viaje, con sus montañas, sus animalitos (bueno, aunque animales sí que había).

(Me gustaría aquí hacer uno de mis frecuentes incisos. Como comentaba al principio de este peculiar y espero “entretenidísimo” relato, viajar supone uno de los mayores placeres en mi vida. Así, en estos momentos, en esa angosta calle rodeado de casas viejas y vacas adormiladas, me sentí dentro de un sueño, sentí que realmente estaba viajando. Esto me impactó sobremanera, más que miedo por el lugar en el que me hallaba, experimentaba una sensación de libertad y de aventura como nunca antes había tenido)

En lo más recóndito de aquella fantasmagórica calle, el mudo taxista se detuvo. Había algunos hombres cargando una especie de camioneta, por lo demás, a parte de los perros mugrientos y las vacas que campaban a sus anchas, todo era silencio y oscuridad.

Por fin el cochero se pronunció: “Aquí os dejo, mañana pagáis en el hotel, a mi dadme ahora una propina, como es costumbre. El hotel está por esa calle”, dijo en un inglés ininteligible señalando una callejuela de apenas metro y medio de ancho que bien parecía el pasaje del terror.

Fue entonces cuando saliendo del aturdimiento en el que me encontraba solté algo parecido a: “Sí, los cojones me voy a meter yo ahí, tu vienes con nosotros o no te pago un duro”. Mientras, observaba a los tipos del camión que nos miraban ahora fijamente.

Entre lo impresionante del lugar, mi preocupación por que algún perro de los que pululaban por ahí me mordiera, que por cierto en la India todos los perros son iguales, el perro estándar, (como el de los playmobil), de los que me advirtieron me cuidara, y con la mosca detrás de la oreja, nunca mejor dicho, con lo de la malaria, imaginaos la situación.

El tipo accedió a acompañarnos, y así nos introdujimos en aquella sombría y ajustada calleja repleta de carteles publicitarios en la que no había ni un alma. Caminamos durante unos veinte metros, de los más largos de mi vida, hasta que por fin, y fruto quizás de mis plegarias, a lo lejos apareció un cartel que rezaba NAMASKHAR HOTEL. Respiré tranquilo.

Se te pasan infinidad de cosas por la cabeza en esos momentos, como que un grupo de tipos te esperan a la vuelta de la esquina machete en mano para pelarte, pero esto no es típico de la India, aunque claro, nosotros eso aún no lo sabíamos.

(Me gustaría aclarara aquí también, que aunque ya me pegué algún que otro viaje, como la mayoría de vosotros sabréis, esta situación de desconfianza e inseguridad es fruto de mi inexperiencia como viajero en lugares de este índole).

“Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia”. (Francis Bacon)

En el hotel, nos encontramos con los gallegos de nuevo. Nos entregaron las llaves de las habitaciones y a descansar. La habitación podría parecer poca cosa, decrépita y sucia, de hecho lo era, aunque a mí se me aparecía como un regalo del cielo después de los momentos de incertidumbre vividos.

Acomodados y tranquilos, pusimos fundas en las camas, nos embadurnamos con espray anti mosquitos y nos pusimos los tapones en los oídos. Todo siguiendo los cánones de protocolo establecidos en estas situaciones por todos los foros de internet y guías de viaje. Así, quedé placenteramente dormido. Buenas noches.

(Lamentablemente las fotos que aparecen a continuación son del día siguiente por la mañana, mucho menos siniestro el lugar a la luz del sol y repleto de gente y tiendas. Sin embargo sirvan para haceros una idea).



(Main Bazar, Old Delhi. Cables colgando al estilo indio. Esa calleja que se mete hacia el fondo es la del hotel).




(Main Bazar, Old Delhi. Esta es la calle solitaria donde el taxista paró, ahora concurrida)



(Callejuela sin nombre, Old Delhi. Esta es la callejuela en la que se encuentra el hotel, la foto está tirada desde la puerta del mismo).




(Namaskhar Hotel, Old Delhi. Vista desde la ventana).




(Namaskhar Hotel. Old Delhi. Más vistas por la ventana).




(Namaskhar Hotel, Old Delhi. En el pasillo del hotel).




(Namaskhar Hotel. Old Delhi. De nuevo el pasillo del hotel).




(Namaskhar Hotel, Old Delhi. En la habitación).




(Namaskhar Hotel, Old Delhi. El baño. Fijaos en ese pequeño recipiente gris colgando de la pared. Un consejo, si vais a la India, Turkia o algún país del género llevad papel....).


(PD: Si pinchais sobre las fotos se hacen grandes y se aprecian mejor).

lunes, 6 de julio de 2009

(02) INDIA, QUÉ, CUÁNDO Y DÓNDE.



La República de la India es un país del sur de Asia que se extiende por un total de 3.287.500 Km², aproximadamente unas 6´5 veces España, donde coexisten todo tipo de ecosistemas, desde el desierto del Rajasthán hasta los picos helados del Himalaya, sin olvidar los valles de ríos como el Ganges o el Yamuna con sus verdes y pobladas riberas, o los Kilómetros de mar y playas que la circundan.


Viven afincados en este territorio la nada despreciable cantidad de 1.150.000.000 de personas, algo que desde nuestras cómodas y amplias casas suena como un simple dato irrelevante, un número muy alto, tan alto que igual que cuando nos hablan de millones de euros en fichajes futbolísticos u operaciones bancarias no podemos ni siquiera evaluar o interpretar.

Bien, una vez desembarcamos en la India, en Nueva Delhi, su capital, y nos adentramos en la ciudad antigua, Old Delhi, pudimos constatar con nuestros propios ojos, que significa esa descomunal cifra que antes comentaba. Sirva quizás de ejemplo una imagen desde el cielo de un barrio de la ciudad para mejor comprensión de lo antes mencionado.

Si, son casas sí. Pero lo más increíble es que en estas pequeñas casas se amontonan personas de una o varias familias, compartiendo entre cinco o seis individuos escasos siete metros cuadrados, lo que viene a ser la habitación de cualquiera de nosotros. Resulta difícil quejarse de falta de espacio ante tal situación. Simplemente, aventurarte a caminar por esas abarrotadas callejuelas supone una concienciación previa para no terminar agotado física y mentalmente.
La India es uno de los lugares más antiguos y con una de las culturas más arcaicas del mundo, donde se asentaron tribus procedentes de Egipto y Mesopotamia creando las primeras civilizaciones, hace mas de 4000 años, ocupando los márgenes del rio Indo, zona de la que se dice proceden los arios, aquella raza superior que el tal Hitler, ese muñegote cabezón y con mala leche, proponía como la más propicia para mantener la hegemonía en el nuevo orden mundial.
Sobre el 325 a.c. el gran Alejandro Magno, se aventuró por aquellos lares inhóspitos en su afán de conquistar el mayor imperio conocido y de aunar todas las culturas recogiendo lo mejor de cada una. Fue por el nombre que le dieron los griegos a el inmenso rio que se encontraron en su avance, el “Indo” (Indo significa rio en sánscrito, que era la lengua de la zona, que aún está vigente y que es una de las más antiguas de la historia), por lo que por extensión, se llamó a este país “India”, en realidad los indios, en especial los hindús más ortodoxos conocen a su país con el nombre de Bharát, en honor del Dios Bharata, uno de los progenitores de la humanidad.

Más tarde pasaron por allí los Portugueses, y después los ingleses, estos para quedarse y hacerse, como siempre, los dueños del lugar. Se mantuvieron allí durante más de 200 años, hasta que en 1947, la India consiguió su independencia y se convirtió en la mayor democracia del mundo, aunque no quizás en la democracia más demócrata. Fue, “uno de los personajes más famosos de la historia”, Mohandas Gandhi, el principal artífice de que la ansiada independencia tuviera lugar, procesando posiblemente la única guerra digna de ser alabada, la guerra pacifica y la libre manifestación de las ideas.

Se produjo, derivado de esta independencia, el tan mencionado conflicto bélico entre las regiones noroccidentales de la India y Pakistán, que antes de la independencia formaba parte del territorio indio, pero que debido a sucesivos ataques entre musulmanes e hindúes terminó escindiéndose a pesar de los esfuerzos de Gandhi por evitarlo, llegando incluso a costarle la vida a manos de un integrista hindú que no podía soportar que la máxima representación de la India apoyase también a los musulmanes. Pero ¿qué importancia puede tener la ideología o la procedencia cuando se lucha por la igualdad y la libertad?

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás.”(Gandhi)
(Si era verdad lo que Gandhi representaba y decía, y no era sólo puro marketing, que tío era la ostia…).

Sin embargo hay que señalar que en la India, y esto es algo que llama bastante la atención, se profesan multitud de religiones que conviven en armonía: hindúes, musulmanes, budistas, cristianos, sijs, zoroastristas, judíos, etc.… aunque siempre hay radicales dispuestos a empañar la buena concordia.






















Nuestro viaje comenzó un 28 de marzo del año 2009, habiendo yo cumplido mis 29 primaveras, y se centró en un área que se extiende unos 1000km de norte a sur y unos 500km de este a oeste. Puede no parecer mucho, ya que contábamos con 15 días para recorrerla, pero es que en la India todo pasa tan despacio…. Las distancias pueden multiplicarse por tres, e incluso por cinco si el día así lo requiere.
Toda esta área que antes comentaba, se compone de tres grandes regiones:

UTTAR PRADESH, es el estado más poblado del mundo, con más de 200 millones de habitantes, ante nuestros ojos podría verse casi como un almacén de personas. Si fuese un país en sí mismo, sólo China, EEUU, Indonesia y la propia India lo superarían en número de habitantes. Es además uno de los estados más pobres y menos industrializados de la India, aunque también es donde con mayor arraigo permanecen estancadas las más antiguas tradiciones y costumbres, incluido el hinduismo



(Old Delhi. Un paseo por la ciudad vieja)


(Agra. Foto Cedida por Cecilia, ya la conocereis)

(Agra. El famoso Taj Mahal, visto desde otra perspectiva.Foto cedida por Javi, ya lo conocereis también)

(Varanasi. Barcas en el rio Ganges)


(Varanasi. También hubo momentos de lujo. Foto cedida por Clara. Ya la presentaré)


(Varanasi. Rito al anochecer a la orilla del rio. Foto Clara)

(Varanasi. Simplemente otro mundo)

(Varanasi. Sin Palabras. Foto Cecilia)


Otra zona por la que anduvimos es el famoso RAJASTHÁN, que a medida que te introduces en él se va convirtiendo paulatinamente en una zona más y más árida, hasta llegar a transformarse en el desierto de Thar, en la frontera con Pakistán. Sorprende en esta zona encontrarte con gente caminando por la carretera, bajo el acuciante sol, con un calor asfixiante y entre el polvo de la cuneta, o personas simplemente sentadas en los bordes de la carretera, en la típica posición india, esto es de cuclillas y contemplativos, en medio de ninguna parte. Mi curiosidad aquí me mataba: “¿pero qué cojones harán esos tipos ahí sentados?, ¿de qué va su vida?, ¿dónde y cómo viven?, por Dios que alguien me lo explique”. Creo que eso mismo deben de pensar ellos viendo los automóviles pasar: “¿pero dónde van estos locos, todo el rato de allá para acá?, ¿pero qué tendrán que hacer? Que desconcierto por Dios”.

Y es que aquí todo pasa muy despacio, es como la cola para renovar el carnet, el tiempo pasa lento, lento, lento. La concepción de la vida que tiene la gente es muy distinta a la nuestra, su día a día, en la mayoría de los casos, no está tan estructurado como el nuestro, y eso de trabajar, bueno, lo primero es vivir ¿no?, es difícil de explicar, hay que verlo desde su perspectiva, hay gente que jamás se ha movido de su aldea, es más, ni siquiera ha tenido nunca la necesidad de hacerlo, o de tener una gran casa, o un buen coche, para muchos la vida no es más que levantarte por la mañana, pasar el día y de vuelta a la cama. (Esto no es en absoluto una crítica, y por supuesto no todo el mundo en la India es así, como antes comentamos son muchos millones de personas). En la India todo el mundo está siempre relajado y tranquilo, no tengo ni idea, ya me gustaría saberlo, que es lo que pasa por sus cabezas, pero ante el alboroto que reina por todos sitios, la gente, en contraposición, permanece siempre serena y relajada, no se escuchan gritos ni a nadie quejándose por un atasco o ante un mostrador.

(Carretera hacia Jaipur. Hacía bastante calor)

(Jaipur. El fuerte Ambar)


(Pushkar. Subiendo al templo al amanecer)

(Pushkar. La sombra de Sevilla es alargada)


(Pushkar. Frente al templo de Brahma, mi Dios preferido. Foto Javi)


(Aldea cercana a Pushcar. Como hace siglos)

Por último, y buscando un poco de paz y sosiego, decidimos ir a las montañas, una zona llamada UTTARAKHAND, uno de los lugares más sagrados de la India a las faldas del Himalaya, donde nacen ríos tan importantes como el Ganges y el Yamuna, ríos espirituales en los que se desarrolla gran parte de la actividad de la sociedad India, donde lavan la ropa, se bañan, y en el ritual sagrado llegan incluso a beber su agua. Mencionar de paso que el Ganges es uno de los ríos más contaminados del mundo, se me ponen los pelos de punta cuando veo a esta gente dar esos tragos tan sustanciosos de agua color marrón oxido.

Esta es una zona bastante turística, yo la llamo el Benidorm de la India, nada que ver con el caos y el agobio al que estábamos acostumbrados en los días anteriores. Aquí se alojan multitud de templos, los ashram, donde monjes, para mí que algunos de dudosa espiritualidad, se empeñan en aleccionar a sus pupilos, que vienen de todas partes del mundo, en el arte de la meditación y el culto al cuerpo. Aquí puedes bañarte, comer sin riesgo de tener una cagalera de infarto y disfrutar de paseos por estupendos parajes sin que todo el mundo esté acosándote ininterrumpidamente.

(Haridwar. Nacimiento del Ganges, estatua del Siva)


(Haridwar. Ritual del río)


(Rishikesh. Un baño en la montaña)

(Rishikesh. Un paseo matutino. Foto Javi)

Sin embargo, no todo fue desconcierto e incomprensión en nuestro viaje, nos tranquilizamos al encontrar por fin a la vaca que ríe, tantos años perdida la pobre, aunque la verdad es que le faltaba un poco de pienso, mírala que maja.

(Muuuuuu!!!!)


PD: He tardado un poco en publicar el segundo POST, pero es que no tengo maldito el tiempo, y el poco que tengo lo gasto en fiestas, y es que uno no cambia nunca. Bueno, aquí está, más vale tarde que nunca, pronto vendrán más. Espero que al menos os haya entretenido. Besos