Por la mañana no me duché: “puedo aguantar un día más”, me dije mirando el destartalado baño. Con ropa cómoda y cámara en mano descendimos hasta recepción. Nuestra idea era alquilar un coche con chofer durante los primeros días hasta que nos adaptásemos al cambio tan brusco que nos encontramos. En el hotel, se encargaban de “negociar” con nosotros y preparar todo el viaje. Al final de dimes y diretes optamos por alquilar un coche seis días y recorrer la zona del Rajasthan.
Arreglado este primer trámite, nos dispusimos a visitar la ciudad.
Delhi es la capital de la República de India. Como decía en un post anterior, se divide en Old Delhi y New Delhi, la ciudad nueva la formaron los ingleses en su colonización, y se fue extendiendo rápidamente. Nosotros estábamos en la ciudad vieja, y nos disponíamos a visitar lo que podríamos llamar el casco antiguo.
El dueño del hotel, nos ofreció un guía para que nos hiciera la visita a la ciudad, y por supuesto nosotros rechazamos: “pero que guía hombre, que nosotros somos unos aventureros, por Dios”. Así, emprendimos nuestro camino.
Atravesamos el callejón que tanto temor y dudas nos ocasionó la noche anterior y desembocamos en la calle bacheada y barrosa que supuso nuestro primer encuentro con la realidad de la India. Aún hoy continuaba embarrada.
De día, aquellas calles lúgubres y desiertas rebosaban vitalidad, montones de tenderetes y comercios ofrecían ropas de colores muy vivos y llamativos, también podían encontrarse todo tipo de recuerdos, joyas, perfumes, inciensos, amuletos… no en vano esa calle es llamada Main Bazar.
Yo estaba encantado, era como vivir dentro de un documental, me topaba con un sitio que hasta ahora sólo había visto por la tele, y esta era la constatación de la existencia de un mundo que vive más allá de nuestras modas, creencias o aficiones, un mundo que es el mismo que el nuestro, aunque desde nuestras aisladas burbujas parezca sólo existir en las películas.
La gente circulaba por los laterales de la calzada, pegados a los tenderetes para evitar los charcos que se formaban en el centro de la vía. Yo llegué a pensar que todo esto del barro y los charcos sería una estratagema de los comerciantes, para obligar a los viandantes a pasar cerca de sus tiendas e incitarlos a comprar.
El señor del hotel nos recomendó coger el metro para ir a visitar la mezquita y el fuerte rojo. La cosa era así, teníamos que recorrer la calle de barro, Main Bazar, y al final de ésta atravesar otra perpendicular para darnos de frente con la estación de tren. El siguiente paso consistía en cruzar una plataforma que pasaba por encima de las vías y desembocaríamos directamente en la boca del metro.
Bien, esto parece simple, sí, así lo creímos también nosotros, pero no contábamos con la cantidad ingente de personas, coches, ricksaw (motos con tres ruedas que hacen las veces de taxis), que abarrotaban las calles, plazas, parques y cualquier hueco que pudiera ser ocupado. Hay que sumarle a esto la falta tan tremenda de información, cosas simples como el nombre de las calles, carteles con la palabra metro y una puta flecha, no sé, esas cosas tan normales.
Por si esto fuera poco, ya me advertía nuestro tercer compañero de viaje, mi guía Trotamundos, existen una serie de señores que se encargan de engañarte para sacarte los cuartos.
(En teoría, y al menos por mi experiencia lo puedo corroborar, la India no es un lugar violento. Se dice que esto es debido a el Karma y el Dharma, eso que está ahora tan de moda por Europa. Los indios hinduistas, budistas, y jainistas entre otros que desconozco, creen en la reencarnación, creen que deben superar una serie de etapas (vidas), para alcanzar el Nirvana (estado libre de sufrimiento, lo que nosotros entenderíamos por cielo). Dependiendo de cómo haya sido tu vida anterior, de las acciones buenas o malas que hayas realizado, así será tu vida posterior. Cuanto más ejemplar haya sido tu comportamiento en vidas anteriores, menos etapas tendrás que pasar para alcanzar la vida libre de sufrimientos y reencarnaciones. Esto es también lo que condiciona las castas (en otro post hablaremos de ellas), pues los indios creen que los individuos de castas superiores están ahí por mérito propio, ya que en sus vidas anteriores realizaron buenas acciones. Es como si cada uno naciese en el lugar que le corresponde por un derecho adquirido en otra vida. El Karma (acción y consecuencia), viene a significar, que cada acción que cometas te implicará una reacción igual, como un “ojo por ojo y diente por diente” divino. El Dharma, se traduce como una ley, una serie de postulados y tradiciones que tiene que seguir el creyente a raja tabla durante su vida, una serie de reglas que deben cumplirse en el día a día).
Como decía, ciertos tipos, tienen por oficio uno de los más antiguos del mundo, y no, no es la prostitución, me refiero a el timo. Ya que el robo con violencia es algo poco aconsejable para el buen Karma, la estafa es lo que se prodiga habitualmente, ignoro cómo afectará esto en vidas posteriores, pero muy legal tampoco tiene que ser.
En las ciudades más importantes de la India, entre las que se encuentra Delhi, existe la costumbre entre ciertos individuos, a veces constituidos en mafias, de timar a los turistas que se aventuran por sus calles.
Matizaré aquí que, realmente, esta lucha por defender tus intereses es continua, pues se da en bares, taxis, hoteles… a todas horas. Sin embargo, no dista mucho de lo que se hace y se ha hecho toda la vida en nuestro país con guiris de piel rosada y calcetines blancos en los lugares de costa. Con el tiempo eres consciente, de que a ti te cobran más, pero exceptuando algunos casos, con la diferencia de precios al cambio, no merece la pena discutir, también tienen que ganarse la vida.
No obstante, a lo que yo me refería antes, no es a estos casos de cierta picaresca, si no a una serie de tipejuelos que te asaltan por la calle con la sana intención de ayudarte, o al menos eso es lo que te hacen creer. Pero nada más lejos de la realidad. Nosotros, aunque bien aconsejados por la guía, mí querida guía de viaje, descubrimos lo que os cuento a continuación:
Una vez que conseguimos llegar a la estación y localizar la pasarela que nos llevaría al otro lado de las vías, y justo cuando nos disponíamos a entrar, nos encontramos de frente con una puerta detectora de metales (la verdad que están por todos sitios, hasta en las entradas de las calles, pero no sé para que las ponen). Había mucha gente, bueno supongo que lo normal en Delhi, y nos introdujimos entre la multitud para acceder a las escaleras de la pasarela. Entonces, desde lo lejos, un hombre con gorra y el cartelito de empleado de la estación nos hacía señas. Yo no sabía que quería, pero luego lo entendí. Nos advertía que para pasar debíamos entrar por la otra puerta, de las dos detectoras de metales, que íbamos en sentido contrario. Nosotros más perdidos que Heidi en la Guerra de las Galaxias, asentimos y nos fuimos a la puerta buena, sin darnos cuenta de que allí cada uno pasaba por donde la parecía más oportuno. Yo agradecido, le saludo y me dispongo a atravesar la puerta, cuando el personaje en cuestión me pide los billete, y yo… digo “coño, los billetes, ¿qué billetes? No, no tenemos billete”, de nuevo sin percatarme que allí todo el mundo pasaba sin billete ni nada parecido.
“Ahh, bueno, bueno, no pasa nada, a ver ¿a dónde vais?” preguntó aquel amable señor.
“Pues al metro”, contesté yo agobiado por el paso incesante de gente y contento por encontrar al fin algo de información.
“Ah, no, no, el metro no es por aquí, dejad que yo os enseñe. Necesitareis el ticket”, replicó aquel amable caballero.
“Pues yo juraría que era por ahí”, pensé. En fin, me equivocaré.
“¿De dónde sois?”, preguntó de nuevo.
“Nosotros de España” respondió Javi
“Si, si españoles” confirmé yo.
“Ohh, españoles, me gusta España, yo estuve una vez en Barcelona” dijo mientras salíamos de la estación hacia un lugar un poco menos concurrido. “Bueno, ¿dónde queréis ir?”, preguntó señalando la guía que yo llevaba entre las manos.
“Pues como ya le dije al metro”, repetí.
“Noo, a qué parte de la ciudad, necesitareis el billete”, insistió el hombre.
“Ya, ya, pero para comprar el billete tendremos que ir a la estación de metro, ¿no?, ¿dónde está?” decía yo confuso.
“No, no”, insistía, “enséñame el mapa, enséñame el mapa”.
Le enseñé el mapa y le dije que queríamos ir a Old Delhi señalando con el dedo el fuerte rojo. Entonces el tipo me dice: “No, este mapa no es bueno, ¿no tienes otro?”.
“¿Qué?, ¿qué no es bueno?, será pequeño pero es bueno cabrón” pensaba mientras miraba mi querida guía por delante y por detrás.
“Y no, Old Delhi no está ahí, está por aquí” me corregía mientras señalaba con la mano otra parte del mapa.
“Por mis muelas que yo diría que esa era Old Delhi, si es la tercera guía que me leo” pensaba ya mosqueándome un poco.
Entonces, uno de los varios personajes que se habían ido acercando a nosotros y que casi nos rodeaban le dio un nuevo mapa. Un mapa, que era exactamente igual a el que aparecía en mi guía, con la única peculiaridad de ser más grande y de tener el símbolo de la oficina de información y turismo justo donde él señalaba antes con el dedo y que era a donde nos decía que debíamos ir.
“A ver, tenéis que tomar un ricksaw, ir hasta aquí, comprar los billetes del metro, del tren, de los monumentos…” nos contaba.
“Pero señor”, le corté, “que nosotros sólo queremos llegar al metro, dígame usted donde está y déjese de historias”.
“Que no, que tenéis que ir aquí, que es la oficina de turismo. Además necesitaréis alquilar un taxi para poder visitar otras ciudades ¿no? Pues aquí tenéis todas las garantías” acometía de nuevo.
“Mire”, le dije al tipo ya sabiendo que nos estaba engañando. Porque entre otras cosas, si era verdad que trabajaba allí, ¿cómo podía dejar su puesto de trabajo sin atender tanto tiempo?, ¿cuántos habrían pasado ya por el lado incorrecto y sin billete? “¿Me va a decir de una vez donde puedo comprar el billete de metro o no? Además nosotros ya tenemos taxi”.
“¡¿Qué?! ¿Cómo es posible?, ¿dónde lo habéis conseguido?” nos gritaba.
“A ti qué te importa”, le respondí yo también algo alterado.
“Tienes que decírmelo, yo trabajo aquí” señalando la acreditación de la solapa “y eso es ilegal, no tienen seguro ni nada, ¿cuánto os ha costado?”.
“Que eso no es asunto tuyo te digo” repetía yo de nuevo “No seas pesado cojones”.
“Pues tenéis que alquilar este taxi porque, bla, bla, bla…..” nos gritaba.
Aquí fue cuando exploté: “me voy tío, paso de tu cara” le solté.
Javi, que se enteraba de la mitad, era el primer día y el oído no estaba entrenado, decía: “yo creo que igual tiene razón, espera a ver que dice”.
“Los cojones, éste es un capullo y nos quiere engañar” le insistí a Javi.
“Pero ¿porqué lo dices?”
“A ver Javi, nos vamos, luego te explico” le dije yo enfadado.
A todo esto, el sujeto no paraba de meterse entre nosotros dos para no dejarnos hablar, gritándome y diciéndome que no podía irme, mientras que yo le hacía gestos indicándole que me dejara y que no había caído en la trampa. Pero el hombre se puso más violento y me agarró del brazo. Entonces me solté de un tirón y comencé a jurar, ya en español, todas las barbaridades que me salían. Javi alucinaba, pero ese hombre llegó a irritarme de tal forma, que si estoy en España y no hay cinco tíos a su alrededor le parto el cráneo al hijo…, que además de intentar timarnos y después de descubrir la trampa, se enfada porque pensó que lo tenía hecho y se le escapó en el último momento, pues así es la vida amigo mío.
Al fin conseguimos alejarnos entre la multitud, Javi aún incrédulo. Más tarde lo comprendió y me dio la razón cuando lo hablamos más tranquilamente.
Lo cierto es que en la guía advertían de que en las principales estaciones, había unos señores, que podían incluso llevar acreditación falsa, que intentarían timarte para que en vez de usar el tren o el autobús utilizaras un taxi y a el triple de lo que cuesta, opara venderte los billetes de monumentos y transporte urbano más caros de lo normal, y así ellos pueder llevarse una comisión.
La realidad de esto lo pudimos comprobar más adelante hablando con otros viajeros que si cayeron en la trampa, que por cierto es bastante fácil caer, no os imagináis el contexto, no vengáis de listillos. Para más inri, el tío te está mandando a la oficina de turismo, un oasis en medio del desierto de la desinformación, pero no sólo las acreditaciones son falsas, también los mapas lo son, y esa oficina, no es la oficina oficial de turismo, sino una agencia de viajes que se ha hecho imprimir sus propios mapas con el logo de la oficina original. Por eso el mío estaba mal según el tipo ese. En realidad en Delhi sólo hay una oficina de turismo, y ya es bastante, que pertenece al estado, y que está dentro de la estación. Claro, nosotros nunca conseguimos entrar a la estación.
Para la primera media hora de turismo en Delhi no estaba mal, pero aún nos queda mucha historia.
(Old Delhi. Callejón del hotel, ya de día con todos los negocios abiertos)
(Old Delhi. Main Bazar, gente sorteando el barro de la calle)
(Old Delhi. Main Bazar. De nuevo la gente pasando pegado a los tenderetes para librar los charcos)
(Old Delhi. Main Bazar. Vista general. Foto Cecilia)(Old Delhi. Estación Central de tren. Al fondo la pasarela que debíamos coger para ir al metro)
(Old Delhi. Calle perpendicular a Main Bazar en la que se encuentra la estación)
TIMAR A UN ESPAÑOL!!!! ESTAMOS BUENOS!!!! Desde luego la sensación de sentirte completamente en sus manos es tremenda. Lo pero de todo es que hagas lo que hagas, en cuanto bajes la guardia te la han liado.
ResponderEliminarANIMO JUANMA DANOS MAS MATERIAL!!!!