Siempre quise ir a la India, siempre supe que iría, lo que nunca supe fue cuando. Al final el azar decidió que fuese un 28 de marzo de 2009. Dos semanas antes cumplía 29 años, una edad más que aceptable.
Digo azar, porque la casualidad puso ante mí un precio y unas fechas muy propicias, y por supuesto un compañero de fatigas, Javi, para compartir y hacer más llevadero y divertido este periplo que me disponía a emprender.
Javi Mancho, es uno de los personajes más importantes de
Llegó el viernes por la noche. Ataviados con nuestros enseres, nos dispusimos a coger un autobús, en la estación central de Zaragoza, destino Madrid. Desde aquí, un avión nos transportaría hasta Ámsterdam, la ciudad de los diques, donde multitud de recuerdos cayeron sobre mis hombros, haciéndome añorar una vieja época maravillosa (cuando fuimos los mejores).
Pasado este trasiego, otro avión tuvo la consideración de llevarnos sanos y salvos hasta el final de nuestro trayecto, Delhi, aunque no de nuestro viaje, por supuesto.
Las 00:30 del domingo, “bueno, ya estamos aquí”. Lo primero cambiar dinero, de euros a rupias (1€ = 69Rupias aprox.). Lo resolvimos sin ningún problema.
Aunque intrépidos aventureros ávidos de nuevas experiencias, decidimos que, para ser el primer día bien estaría reservar hotel y un coche que nos recogiera en el aeropuerto, cual marqueses, y nos depositara sin más dilación en nuestra nueva y esporádica residencia. Así, nos encaminamos a la recepción del aeropuerto en busca de nuestro chofer. Una vez se abrieron las puertas de la sala, y como si de la selección futbol con la Copa de Europa en la mano se tratase, multitud de personas se apostaban a uno y otro lado del pasillo, por el que, en plan pasarela Cibeles, desfilábamos los viajeros recién llegados ristre en mano. Javi y yo nos miramos y decidimos abordar un plan. Yo tomé el lado este, él el oeste, intentando, mientras cruzábamos los dedos, encontrar el verdadero cartel, el único, que se ocultaba entre una masa de semejantes con las más variopintas ortografías, en el que hallásemos escritas las palabras mágicas que dieran solución a nuestras dudas y temores, Mr. Martínez / Mr. Mancho NAMASKHAR HOTEL.
(Esta foto no es mia, es de internet, pero es parecido a lo que cuento, y esto a ambos lados y mas largo de lo que aquí se aprecia)Una vez encontrado nuestro transporte, salimos del aeropuerto y nos embutimos, junto con nuestro equipaje, en un pequeño y destartalado Fiat Punto, con una estupenda tapicería que simulaba la piel del leopardo, al menos en la suciedad incrustada estaba bien lograda. El chofer, un indio delgado y bajito, el típico indio, que entre otras cosas no abría la boca, intentaba conducir por el mayor caos de coches concebible, al menos eso es lo que yo pensaba entonces, luchando por cada centímetro.
Un grupo de chicos de Galicia, que se alojaban en nuestro hotel, se acopló en otro coche algo mayor, con el que parecía ser el jefe del cotarro, otro indio, éste un poco más metidito en carnes y que era el que organizaba y daba órdenes, y nos siguieron muy de cerca a toda velocidad por las solitarias calles de la ciudad. Esto reconfortaba, al menos no estábamos solos.
Mientras hablábamos sobre el tema, una vez en la autopista, nuestro chofer tuvo a bien, sin previo aviso, desviarse de la ruta por una vía segundaria y apenas iluminada, mientras nuestros queridos amigos gallegos, entre otras cosas porque eran los únicos que teníamos, continuaban con su viaje por la “flamante” autovía. En este punto Javi y yo nos miramos, aunque Javi me miraba más mí, en definitiva yo había sido el que lo había metido en el berenjenal. En fin, habíamos decidido no alarmarnos con el inesperado cambio de itinerario y continuar con nuestra charla, cuando el susodicho taxista se detiene en el borde de la carretera en el más oscuro y recóndito tramo que pudo encontrar. Sin más, apaga el vehículo y desciende del mismo cerrando la puerta. Yo aquí ya veía la emboscada entre la vegetación de la cuneta, pensaba: “Dios, ya nos han tangado, y acabamos de llegar”, sin embargo, ninguna facción terrorista nos abordó saliendo entre la maleza, sino que simplemente, nuestro enigmático conductor, tras atravesar la calzada, y ante nuestras incrédulas miradas, se baja el pantalón y comienza a evacuar tan placenteramente. En esta situación, uno no sabe si reír o llorar. El tipo, sacudió repetidamente el orín sobrante y regresó complacido al vehículo. Tras este pequeño receso reanudamos la marcha, de nuevo a toda velocidad.
Ya más calmados, continuamos charlando y bromeando con lo sucedido, hasta que llegamos a Main Bazar, aquí cambió la historia…
(Tengo que advertir, llegados a este punto, que no escatimaré en esfuerzos a la hora de intentar describir el enclave en el que nos encontramos a eso de la una de la madrugada. Aún así creo que no conseguiré reflejarlo en su justa medida, quizá mi querido amigo Nacho sea el único que se ponga en situación).
El coche giró saliendo de la calle principal y se aventuró por otra más estrecha y deteriorada. De improviso el asfalto se convirtió en barro y baches, los cables eléctricos colgaban como telarañas deshilachada, confeccionando un verdadero matorral de enredaderas plásticas, las casas, de dos o tres alturas como máximo, aparecían enigmáticas, como un bosque de sombras en la penumbra agolpándose unas sobre otras, a su vez, cúmulos de vacas somnolientas y perros callejeros terminaban por conformar un decorado surrealista que jamás olvidaré.
En esos momentos pensé: “Ahora sí, Javi me mata”, el pobre pensó que se había enrolado en otro tipo de viaje, con sus montañas, sus animalitos (bueno, aunque animales sí que había).
(Me gustaría aquí hacer uno de mis frecuentes incisos. Como comentaba al principio de este peculiar y espero “entretenidísimo” relato, viajar supone uno de los mayores placeres en mi vida. Así, en estos momentos, en esa angosta calle rodeado de casas viejas y vacas adormiladas, me sentí dentro de un sueño, sentí que realmente estaba viajando. Esto me impactó sobremanera, más que miedo por el lugar en el que me hallaba, experimentaba una sensación de libertad y de aventura como nunca antes había tenido)
En lo más recóndito de aquella fantasmagórica calle, el mudo taxista se detuvo. Había algunos hombres cargando una especie de camioneta, por lo demás, a parte de los perros mugrientos y las vacas que campaban a sus anchas, todo era silencio y oscuridad.
Por fin el cochero se pronunció: “Aquí os dejo, mañana pagáis en el hotel, a mi dadme ahora una propina, como es costumbre. El hotel está por esa calle”, dijo en un inglés ininteligible señalando una callejuela de apenas metro y medio de ancho que bien parecía el pasaje del terror.
Fue entonces cuando saliendo del aturdimiento en el que me encontraba solté algo parecido a: “Sí, los cojones me voy a meter yo ahí, tu vienes con nosotros o no te pago un duro”. Mientras, observaba a los tipos del camión que nos miraban ahora fijamente.
Entre lo impresionante del lugar, mi preocupación por que algún perro de los que pululaban por ahí me mordiera, que por cierto en la India todos los perros son iguales, el perro estándar, (como el de los playmobil), de los que me advirtieron me cuidara, y con la mosca detrás de la oreja, nunca mejor dicho, con lo de la malaria, imaginaos la situación.
El tipo accedió a acompañarnos, y así nos introdujimos en aquella sombría y ajustada calleja repleta de carteles publicitarios en la que no había ni un alma. Caminamos durante unos veinte metros, de los más largos de mi vida, hasta que por fin, y fruto quizás de mis plegarias, a lo lejos apareció un cartel que rezaba NAMASKHAR HOTEL. Respiré tranquilo.
Se te pasan infinidad de cosas por la cabeza en esos momentos, como que un grupo de tipos te esperan a la vuelta de la esquina machete en mano para pelarte, pero esto no es típico de la India, aunque claro, nosotros eso aún no lo sabíamos.
(Me gustaría aclarara aquí también, que aunque ya me pegué algún que otro viaje, como la mayoría de vosotros sabréis, esta situación de desconfianza e inseguridad es fruto de mi inexperiencia como viajero en lugares de este índole).
“Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia”. (Francis Bacon)
En el hotel, nos encontramos con los gallegos de nuevo. Nos entregaron las llaves de las habitaciones y a descansar. La habitación podría parecer poca cosa, decrépita y sucia, de hecho lo era, aunque a mí se me aparecía como un regalo del cielo después de los momentos de incertidumbre vividos.
Acomodados y tranquilos, pusimos fundas en las camas, nos embadurnamos con espray anti mosquitos y nos pusimos los tapones en los oídos. Todo siguiendo los cánones de protocolo establecidos en estas situaciones por todos los foros de internet y guías de viaje. Así, quedé placenteramente dormido. Buenas noches.
(Lamentablemente las fotos que aparecen a continuación son del día siguiente por la mañana, mucho menos siniestro el lugar a la luz del sol y repleto de gente y tiendas. Sin embargo sirvan para haceros una idea).
(Main Bazar, Old Delhi. Cables colgando al estilo indio. Esa calleja que se mete hacia el fondo es la del hotel).
(Main Bazar, Old Delhi. Esta es la calle solitaria donde el taxista paró, ahora concurrida)
(Callejuela sin nombre, Old Delhi. Esta es la callejuela en la que se encuentra el hotel, la foto está tirada desde la puerta del mismo).
(Namaskhar Hotel, Old Delhi. Vista desde la ventana).
(Namaskhar Hotel. Old Delhi. Más vistas por la ventana).
(Namaskhar Hotel, Old Delhi. En el pasillo del hotel).
(Namaskhar Hotel. Old Delhi. De nuevo el pasillo del hotel).
(Namaskhar Hotel, Old Delhi. En la habitación).
Ehhhhhhhh, hacedme comentarios cabrones. Por cierto, he cambiado un poco el formato del blog, ahora sólo aparece la última entrada. Para ver el resto, pinchar en entradas anteriores o en el esquema de arriba a la derecha. Siií, ya sé que muchos sabéis como va un blog, pero no todo el mundo sabe. Enga.
ResponderEliminarEnvidia sana erudito, vaya aventuras y desventuras, de mayor quiero ser como tú, jejejeje, y es muy probable que lo consiga en breve, jejejej.
ResponderEliminarBueno, ya que insistes, te haré un comentario.
ResponderEliminarMENOS CAÑITAS y MÁS ESCRITOS. Que en dos meses sólo hay tres textos. Eso si, muy buenos, y las fotos muy bien escogidas para apoyar el texto.
VIKI